Música para leer ésta pequeña historia
Nacho
Vegas: Actos Inexplicables
Epílogo
Los
recuerdos -algunas veces- son una prisión de alta seguridad de la
que queremos fugarnos sin dejar huella, tratamos de alcanzar la luz cavando un túnel con una cuchara de plata, con dedos sin uñas
inyectados de histeria, algunos (muy pocos) logran la hazaña de
escapar del aislamiento, pero mueren en el invierno de la sobriedad.
Recuerdo
1
Ella
coleccionista de sonrisas, de besos y noches sin dormir; él,
coleccionista de noches en cama, besos de papel y tristezas. Jugaban
a decir: "te quiero". Aunque para ella después de un tiempo ya no era
un juego; pero él sólo se limitaba a escribir en el viento con
su lengua de polvo la letanía: "yo también". Ella pensaba:"no sabe
expresarse". Él, intentaba aceitar su oxidado cuerpo de hojalata.
Ambos quieren gritar hasta reventar las vocales pero atan el silencio a sus fonemas con su -primer nudo.
Ambos quieren gritar hasta reventar las vocales pero atan el silencio a sus fonemas con su -primer nudo.
Recuerdo
2
Ella
verano en pleno invierno, él eterno otoño. Sabían que la primavera
llegaría algún día (o mejor dicho pensaban que así sería),
¡cuando! ¿CUÁNDO? cuando… la eterna pregunta, ella cargaba el
signo de admiración en sus hombros, él espesaba la sombra de las
interrogaciones... los puntos suspensivos unieron sus tergiversadas
oraciones sobre respuestas e hipótesis; él adjetivo calificativo,
ella eterno verbo. La sombra paso a la luz y los signos cerraron el
párrafo de la noche, -¡Por fin llego!- aullaron al unísono, entre
suspiros retoñaron nuevas letras en los desiertos valles de sus
paginas del porvenir; ella pensó -¡vaya! supo expresarse-; él
desnudó su alma, abandonó las letanías y sus teorías para
murmurar con la profundidad de un abismo -la amo-.
Recuerdo
3
Él
sonrió, besó y no sólo durmió, ¡SOÑÓ!, al amanecer ambos
estaban frente a frente en un cuarto blanco decorado con algunos
garabatos bosquejados con crayolas, al fondo un gran ventanal por
donde un río de luz corría a raudales, él buscó su mirada de
abismo y le dijo -¡desperté a tiempo para vivir nuestros sueños!-…
silencio… el río se desbordó hasta eclipsarse en pequeños
charcos sobre sus rostros, sus labios (los de ella) se agrietaron desmoronando la
colección de sonrisas, los besos de papel y decidió dormir alejada
de él, de su otoño, de sus teorías y de su polvo, dio la vuelta absorbiendo los últimos
charcos de luz que quedaba en la habitación, él; en la oscuridad
pasó de su eterno otoño a un insoportable invierno, se ahogó en la
cama bajo mil cobertores y una sabana invisible donde quedó el aroma
de ella atado con un nudo.
Prólogo
Ella y él o él y ella, no sabemos quién encontró a quién, y la verdad eso no importa; lo que realmente importa es que ambos huían de su presente ocultándose en su pasado. Dicen que desde el inicio fue el verbo, pero ambos fueron mudos fugitivos de sus Apocalipsis.
Ella y él o él y ella, no sabemos quién encontró a quién, y la verdad eso no importa; lo que realmente importa es que ambos huían de su presente ocultándose en su pasado. Dicen que desde el inicio fue el verbo, pero ambos fueron mudos fugitivos de sus Apocalipsis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario