jueves, 6 de diciembre de 2012

2 Nudos, 1 des-nudo

2 Nudos, 1 Des-nudo

Música para leer ésta pequeña historia

Nacho Vegas: Actos Inexplicables
http://www.youtube.com/watch?v=T66LhwSG5mM


Epílogo
Los recuerdos -algunas veces- son una prisión de alta seguridad de la que queremos fugarnos sin dejar huella, tratamos de alcanzar la luz cavando un túnel con una cuchara de plata, con dedos sin uñas inyectados de histeria, algunos (muy pocos) logran la hazaña de escapar del aislamiento, pero mueren en el invierno de la sobriedad.

Recuerdo 1
Ella coleccionista de sonrisas, de besos y noches sin dormir; él, coleccionista de noches en cama, besos de papel y tristezas. Jugaban a decir: "te quiero". Aunque para ella después de un tiempo ya no era un juego; pero él sólo se limitaba a escribir en el viento con su lengua de polvo la letanía: "yo también". Ella pensaba:"no sabe expresarse". Él, intentaba aceitar su oxidado cuerpo de hojalata.

Ambos quieren gritar hasta reventar las vocales pero atan el silencio a sus fonemas con su   -primer nudo.

Recuerdo 2
Ella verano en pleno invierno, él eterno otoño. Sabían que la primavera llegaría algún día (o mejor dicho pensaban que así sería), ¡cuando! ¿CUÁNDO? cuando… la eterna pregunta, ella cargaba el signo de admiración en sus hombros, él espesaba la sombra de las interrogaciones... los puntos suspensivos unieron sus tergiversadas oraciones sobre respuestas e hipótesis; él adjetivo calificativo, ella eterno verbo. La sombra paso a la luz y los signos cerraron el párrafo de la noche, -¡Por fin llego!- aullaron al unísono, entre suspiros retoñaron nuevas letras en los desiertos valles de sus paginas del porvenir; ella pensó -¡vaya! supo expresarse-; él desnudó su alma, abandonó las letanías y sus teorías para murmurar con la profundidad de un abismo -la amo-.

Recuerdo 3
Él sonrió, besó y no sólo durmió, ¡SOÑÓ!, al amanecer ambos estaban frente a frente en un cuarto blanco decorado con algunos garabatos bosquejados con crayolas, al fondo un gran ventanal por donde un río de luz corría a raudales, él buscó su mirada de abismo y le dijo -¡desperté a tiempo para vivir nuestros sueños!-… silencio… el río se desbordó hasta eclipsarse en pequeños charcos sobre sus rostros, sus labios (los de ella) se agrietaron desmoronando la colección de sonrisas, los besos de papel y decidió dormir alejada de él,  de su otoño, de sus teorías y de su polvo, dio la vuelta absorbiendo los últimos charcos de luz que quedaba en la habitación, él; en la oscuridad pasó de su eterno otoño a un insoportable invierno, se ahogó en la cama bajo mil cobertores y una sabana invisible donde quedó el aroma de ella atado con un nudo.

Prólogo
Ella y él o él y ella, no sabemos quién encontró a quién, y la verdad eso no importa; lo que realmente importa es que ambos huían de su presente ocultándose en su pasado. Dicen que desde el inicio fue el verbo, pero ambos fueron mudos fugitivos de sus Apocalipsis.

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